Crece el debate sobre la seguridad alimentaria del colorante alimentario dióxido de titanio (E171)

El dióxido de titanio es un compuesto químico que se utiliza en productos tan cotidianos y variopintos como la pasta de dientes, los chicles, la ropa, el papel o la pastelería. Básicamente sirve para blanquear los materiales, ya sea pintura para el hogar o azúcar glasé para bollería.

El debate crece, y especialmente después de conocer que a partir de 2020, Francia prohibirá el empleo del dióxido de titanio como colorante alimentario, conocido como E171, mientras que la Organización Europea de Consumidores exige su retirada de toda la UE. Y es que la agencia gala de seguridad alimentaria (ANSES) tiene dudas sobre su seguridad. Pero no son los unicos, ya que, segun informa la BBC, la Agencia Internacional de Investigación sobre el cáncer (IARC, por sus siglas en inglés) clasificó este compuesto como un posible carcinógeno para los humanos (del grupo 2B), pero su uso en las cantidades actuales está aceptado por las principales agencias de seguridad alimentaria. Sin embargo, sus efectos cuando adopta la forma de nanopartículas no se conocen bien todavía y se teme que sus propiedades puedan cambiar.

A la misma conclusión llegó EFSA (Agencia de Seguridad Alimentaria de la Unión Europea) hace un par de años, determinando que el dióxido de titanio (E 171) podría provocar daños cromosómicos y aumento del riesgo de sufrir cáncer. Pero consideró que este aditivo no representaba un problema para la salud de los consumidores debido a la falta de datos y a que no se podía establecer una ingesta diaria admisible.

A principios del año pasado, una investigación desarrollada por expertos del Instituto Científico de Investigación Agronómica de Francia, concluía que las nanopartículas de dióxido de titanio se extendían por el organismo atravesando la barrera intestinal, pasando al torrente sanguíneo y llegando a cualquier lugar del organismo, afectando al sistema inmunológico e incrementando el riesgo de cáncer.

A día de hoy, muchas empresas ya han empezadoa  eliminar este colorante alimentario de sus productos.

¿En qué alimentos alimenticios encontramos el dióxido de titánio?

El aditivo E171 está catalogado y registrado como colorante alimentario. Y está presente en casi un millar de productos: chicles, cremas, salsas, helados, yogures, salsas, caramelos, bollería… Los fabricantes lo utilizan para lograr que estos sean más blancos y refulgentes. De hecho, esa es su única función. El E171 no desempeña ningún otro papel en los alimentos. No es un conservante, ni da sabor. Tan solo influye en su apariencia; en concreto, en el color. Informa EroskiConsumer.

El pasado 3 de mayo, la Organización Europea de Consumidores (BEUC), envió una carta al vicepresidente de la Comisión Europea, Jyrki Katainen, titulada: “Las organizaciones de la sociedad civil demandan la retirada del E171 de la lista de aditivos alimentarios permitidos en la UE”. En este escrito, los firmantes exponen que, según la legislación europea, un aditivo alimentario solo se puede autorizar si su uso es seguro, está tecnológicamente justificado y no induce a error a los consumidores. Y, desde su punto de vista, “el E171 no cumple con ninguna de esas condiciones”.

Más allá de la prohibición del E 171 para productos alimentarios, algunas asociaciones como Agir Pour l’Environnement (Actúa por el medio ambiente), consideran que es necesario ir un poco más allá y prohibir el uso del aditivo de tamaño nanométrico en productos de cosmética y medicamentos, solicitud coherente sabiendo que pueden suponer un riesgo para la salud.

En el marco europeo, y raíz del documento de la ANSES publicado en abril, la EFSA ha emitido una nueva declaración sobre el tema (el 10 de mayo) donde, básicamente, concluye que es preciso esperar a que acaben las investigaciones actuales antes de precipitarse en tomar una decisión.

En España, la institución de referencia en esta materia es la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN), y en una publicación del mes de marzo señala que se considera aceptable su empleo para devolver el aspecto original a un alimento cuyo color se haya visto afectado por la transformación, el almacenamiento, el envasado o la distribución; dar un mayor atractivo visual a los alimentos; o proporcionar color a un alimento que, de otro modo, sería incoloro. “El uso de los colorantes alimentarios debe cumplir siempre la condición general de no inducir a error a los consumidores (por ejemplo, no debe dar la impresión de que el alimento contiene unos ingredientes que nunca se han añadido)”.

Los cambios en las normativas y autorizaciones suponen un reto para los departamentos de Calidad y Seguridad Alimentaria de las empresas, ya que deben modificar las fórmulas de los productos, adaptar el stock de los que ya están fabricados y ajustar el etiquetado, el almacenamiento o el aprovisionamiento, entre otras cosas.