Los microplásticos y la seguridad alimentaria

En la sociedad actual, el uso de plásticos está mundialmente expandido. Debido a esta gran producción y al insuficiente proceso de reciclado en muchos países, la cantidad de plásticos que hay presente en el medio marino es ciertamente preocupante (Fuente informe de Ecologistas en acción, vía MAPAMA), especialmente debido a su persistencia en el medio ambiente y a su facilidad para dispersarse.

Hace unos días encontraron por primera vez microplásticos en heces humanas. Las diminutas partículas y fibras de plástico han sido halladas en las heces de ocho personas que han aportado muestras como parte de un estudio piloto. Una noticia que no sorprende del todo, porque ya se han encontrado microplásticos en aves, peces y ballenas. Y de aqui

 

Pero, ¿cómo ingerimos microplásticos y nanoplásticos los humanos?

Según informa la Agencia Española de Consumo, Seguridad alimentaria y nutrición (AECOSAN), los microplásticos y nanoplásticos pueden ser fácilmente consumidos por los animales marinos y, de esta forma,  entrar en nuestra cadena alimentaria. Los peces pueden mostrar altas concentraciones pero, dado que los microplásticos están presentes principalmente en el estómago y los intestinos, generalmente son eliminados y no constituyen una importante fuente de exposición para los consumidores. Sin embargo, éste no es el caso de los crustáceos y mariscos bivalvos pues, al consumirse también su tracto digestivo, podrían más directamente llegar al consumidor. Aparte de en los productos de la pesca, también se ha detectado su presencia en agua, miel, cerveza y sal marina.

 

Vamos a conocer un poco más los micro y los nano plásticos

La diferencia entre y nano plásticos reside en su tamaño de partícula: si los microplásticos varían de 0,1 a 100 μm, los nanoplásticos tienen un tamaño, aproximadamente, de 1 a 100 nm (0,001 a 0,1 μm). Según su origen, también se diferencia entre dos tipos de microplásticos y nanoplásticos: primarios y secundarios. Los microplásticos primarios son originalmente fabricados para tener ese tamaño, mientras que los microplásticos secundarios se originan a partir de la fragmentación de plásticos mayores. Por otro lado, los nanoplásticos pueden originarse a partir de materiales de ingeniería (por ejemplo en electrónica, los revestimientos de cables o en los chips) o pueden formarse durante la fragmentación de desechos microplásticos.

 

¿Cuánto plástico comemos?

El pasado julio de 2018 un estudio de la Universidad de Heriot Watt afirmó que en cada plato de comida podría haber hasta 100 fibras de plástico procedentes del ambiente y los objetos que nos rodean, sumándose al que nos llega de los océanos.  En concreto, se destacan los siguientes 5 alimentos (Fuente: National Geographic):

  1. La sal: De 60 a 280 micropartículas por kilo de sal fueron descubiertas en todos los tipos de sal estudiados por la Universidad de Alicante, lo que quiere decir que cada español ingiere al año 510 micropartículas de plástico tan solo por sazonar sus alimentos, siempre que respete el límite recomendado por la Organización Mundial de la Salud. Además, se destaca que la llamada flor de sal, un alimento gourmet que cristaliza en la superficie de las salinas presentó una mayor concentración de este material, lo que según la OCU podría ser debido a su estructura escamosa o a una mayor contaminación ambiental.
  2. Los mejillones, las almejas o las chirlas: La Organización de Consumidores y Usuarios descubrió microfibras y, en menor medida, microgránulos y microfilms en el 71% de los moluscos que analizó en un reciente estudio, a pesar de que estos animales deben someterse a un proceso de despuración tras su recogida.
  3. Las Gambas y otros marisco: Un 66% de los crustáceos analizados por la Organización de Consumidores y Usuarios contenían microplásticos, “sin detectar diferencias entre langostas, langostinos y gambas, tipos de envase o estado en el que se compraron (frescos o congelados)”, afirman en su comunicado. A diferencia de los anteriores, el estudio sí descubrió una menor acumulación de microplásticos entre los que se comercializan pelados, sin cáscara ni tracto digestivo.
  4. El pescado como las sardinas o el bacalao: según el informe Plásticos en el pescado y el marisco, una muestra de campo obtenida mediante arrastre presentó polímeros sintéticos en un 36,5% del pescado capturado en el canal de la Mancha
  5. El agua: Aunque faltan estudios al respecto, las partículas podrían proceder tanto del medio ambiente como del propio envasado plástico. La Universidad de Minessota, en su estudio Invisibles: el plástico en nosotros, analizó muestras del suministro doméstico de agua potable de más de diez países y descubrieron la presencia de microfibras de plástico en un 83%.

 

¿Cuáles son los riesgos para la salud?

Si bien la presencia de estas partículas en los alimentos está ya identificada como un riesgo emergente en la UE en diferentes estudios realizados desde el año 2014, existe todavía una falta de información sobre los mismos, y en particular, sobre su toxicidad y toxicocinética. Por eso son tan necesarios los programas de investigación para una evaluación exhaustiva del riesgo, ya que están destinados a generar datos sobre la presencia y posibles riesgos para la salud de estos plásticos de ínfimo tamaño presentes en los alimentos.

Sin embargo, se conoce que los ftalatos, un tipo de producto químico utilizado para hacer que el plástico sea flexible, podría aumentar el crecimiento de las células del cáncer de mama. No obstante, esta investigación se llevó a cabo en una placa Petri, por lo que los resultados no se pueden generalizar en los seres humanos.

Otros estudios, realizados en ratones, han demostrado que los microplásticos se acumulan en el hígado, los riñones y los intestinos, aumentando los niveles de estrés oxidativo en el hígado y los de una molécula que puede ser tóxica para el cerebro (Nanjing University).

Por otra parte, se ha demostrado que las micropartículas, incluidos los microplásticos, pasan de los intestinos a la sangre y, potencialmente, a otros órganos. (Uppsala University, Science Direct).

 

Gestión del riesgo:

Según informa AECOSAN, “actualmente no existe ninguna legislación, ni nacional ni europea, que regule la presencia de microplásticos y nanoplásticos como contaminantes en los alimentos. Sí están disponibles, en cambio, los métodos para la identificación y cuantificación de microplásticos (no nanoplásticos) en los alimentos, incluidos los mariscos.”

Lo único que existe en la legislación europea es una amplia gama de políticas y legislación sobre basura marina, fuentes de contaminación e impactos.

Finalmente, existe un movimiento creciente de personas y organizaciones que promueven el consumo responsable libre de plásticos con el objetivo de reducir al máximo estos residuos. La sociedad del consumo no lo pone nada fácil, pero existen maneras alternativas de comprar y vivir el día a día sin utilizar plásticos.